martes, 20 de junio de 2017

La Cosa



Las tardes de soledad no eran en absoluto agradables y las noches oscuras eran mejor pasarlas en compañía o encerrada en una habitación. Con los pasos contados y la espalda tensa. Ese par de ojos parecían que te seguían a donde ibas, pero siempre estaban ocultos en el punto ciego de las escaleras.

        -        ¡No corras en las escaleras! 
        -         Ya, mami - la simpleza de ser más rápida que la Cosa, era mi único consuelo.

Las sesiones de temor y aprensión a la Cosa, aumentaban en la noche. Las búsquedas de objetos ajenos en una solitaria planta alta, era lo peor que podía haber. Pero con la valentía concentrada en mi pequeño cuerpo, al no querer ser considerada una miedosa y cobarde, emprendía el camino volviendo casi siempre con éxito. Si el dueño del objeto no sabe su ubicación, peor lo sabrá otro. 

        -         No saltes los escalones – ella con molestia, me decía – cuando te caigas, vas a aprender a hacerme caso. 
        -       Ya se – la Cosa seguía sin atraparme – no me voy a caer – esa pequeña alegría no me la quitaba nadie.