
Ella con mirada perdida, caminaba
hacia su destino, en ocasiones con ojos distraídos, en otros soñadores pero
siempre determinados. Convive en serenidad y caos dentro de su mente. La
contextura delgada está muy presente, a pesar de comer y dormir más de la
cuenta. Frente a ella puede aparecer un fénix parado junto a la ventana de su
habitación o las hadas pueden volar en el jardín delantero. Con sus jeans y su
abrigo, cualquiera creería trata de camuflarse en su entorno al igual que los
elfos. A los anteojos de toda la vida, les han brotado raíces, incrustados,
juguetones sobre sus orejas. Si la ves pasar por la calle, es probable que no
se percate de tu existencia, seguramente estaría pensando en la fragilidad de
un cielo de cristal.
Seria
sencillo para ella perderse en la espesura de la hierba alta, teniendo en
cuenta solo su estatura pero no tiene por qué quejarse total le ha sacado ventajas
en varias ocasiones a ese detalle. Siempre deja a su cabellera negra y ondulada,
en estado salvaje… no sirve de nada domar a la bestia si esta llega perder su
esencia.
Todas
las mañana supera ese amor-odio que tiene hacia la humanidad. Soluciona una
pequeña parte de su locura, con una taza de té caliente. Esa montaña rusa de
emociones y en constante movimiento, suele salirse de control en varias
oportunidades, provocando la pérdida del camino original. Con nariz pequeña y
labios gruesos, siempre en un intento de reflejar un poco de dureza dentro de
sus rasgos delicados. Si se lo piensa de alguna manera, bien podría ser
descendiente de una sílfide, ya que parece vivir junto a las criaturas del
viento o de tal vez de algún ser irreal. Sigue caminando, algún día llegara.
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