lunes, 8 de mayo de 2017

Agonía Ancestral



El hombre caminaba entre el frío y las tinieblas. El creador veía a sus subordinados con desdén, sentado en su trono de oro y cristal. El bien, al igual que el mal, no tenía significado alguno. La oscuridad perpetua agobiaba a los habitantes del planeta, a todos, con excepción del creador. Estos mismos hombres gritaban su dolor y angustia, logrando que sus voces volaran. Pero se preguntan: ¿Cómo una voz puede volar?

Era un don, junto a varios otros, que los primeros pobladores de la tierra poseían. Hermoso, peligroso y poderoso. Ellos, dentro de un tiempo sin valor, se percataron que aquello cambiaría la pobre existencia en que vivían, corriendo peligro esa realidad construida por su amo y señor. Sin embargo, este ser no era nada más y nada menos que un hombre inferior al resto, el cual viva oculto tras su gran trono, lleno de lujos, lleno de temor. Si, una cárcel sin valor alguno.

Este en su desesperación, buscó y buscó hasta encontrar a la única mujer entre todos esos seres. Perdida en su pequeña burbuja de magia y soledad, posiblemente más poderosa que todos aquellos hombres juntos. La inocencia de ella era palpable, pero como fuego incontrolable de su interior, era imposible ser domada. El creador dentro de un trato engañoso, la convenció para que apoyara su causa.

Mediante un ritual que consumió más que la sangre de cada uno y donde el alma misma encontró refugio en el cuerpo del otro, convirtieron a todos los poseedores de un don, en la luna, el sol y las estrellas. Creando lo que hacía falta en el planeta.

 Los hombre con las voces que podían volar, se transformaron en las aves. Las hermosas melodías fueron el reemplazo de todos esos gritos de dolor y agonía vividos de sus inicios, transmitidos de generación en generación hasta perder su verdadero significado, siendo solo un canto más de la naturaleza.




No hay comentarios:

Publicar un comentario