Ella
estaba parada al filo del acantilado intentando divisar su profundidad, la
lucha había acabado y ya no tenía motivación alguna para seguir en pie. La
oscuridad era lo más atrayente en esos momentos.
Heroína:
Debes estar feliz con lo ocurrido.
Heroína:
¡Te llevaste mi alma! ¡A él le pertenecía mi esencia! ¡Toda la sangre derramada
en mis manos fue por nosotros y nuestro pueblo!
Muerte:
Lamento decepcionarte querida, pero nada de eso fue suficiente. Te agradezco la
ayuda, pero tu alma sigue contigo. Sabias cuales eran las consecuencias del
trato desde un principio.
Heroína:
No tengo nada que darte. Todo se desvaneció con su último aliento.
Muerte:
Él partió sin ser su tiempo, pero bien podría regresar si decides tomar su
lugar.
Heroína:
¿Otro trato contigo? No estoy tan desesperada para eso.
Muerte:
Creo que estas en la ruina. Con los pueblos odiando y amando tu nombre, sin un
céntimo encima, con la única razón de regresar a casa ya sin respirar, no
tienes nada que perder.
Heroína:
Prefiero reunirme con él, donde sea que se encuentre, que acceder a un mísero
acuerdo contigo.
Muerte:
El destino de él, estaba marcado desde su nacimiento. Tú puedes escoger el
tuyo, se te ha dado la libre potestad de hacerlo, qué más da lo que hagas con
ella. Puedes escoger tu final.
Volvió
a mirar las profundidades cubiertas de tinieblas. No había nada más que pensar.
Muerte:
Realmente lo vas a hacer.
Heroína:
Siempre supiste que todo acabaría así.
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